16 de junio 2015

Cuando no “entramos en razón”…

¿Has estado en alguna discusión en donde sientes que tus argumentos simplemente no son escuchados?

¿O en una polémica en la que los reclamos y señalamientos de la otra persona, te parece que no tienen nada que ver con el asunto?

No te sorprenda. A todos nos ha pasado…

Puede suceder en cualquier momento, con un amigo, en el trabajo… y ni hablemos de cuando pasa con tu pareja.
Y aunque es más fácil etiquetarte a ti mismo como la parte “racional y sensata”, si te observas con cuidado, reconocerás que, en no pocas ocasiones, también te ves “tomado” por tu propia reactividad.
Es decir, estás respondiendo desde tu impulso, desde tu carga visceral.
¿Que pasa aquí?, ¿Qué misterio se activa dentro de nosotros en esos momentos?
Primero que nada, necesitamos comprender que nuestro “Hardware” neurológico está diseñado para reaccionar de esta manera. Por eso, cuando hay conflicto, las reacciones de protección y defensa suelen ser lo primero que salta a la arena.
Dentro de nuestra cerebro hay una estructura llamada la amígdala. Es el centro que identifica el peligro. 
Toda la información que entra a través de los sentidos pasa por la amígdala. Su función es detectar señales de peligro… y disparar el correspondiente estado de alerta.
A todos nos ha pasado. De repente, en la noche escuchas un ruido extraño en tu casa. Antes de que te des cuenta, ya estás de pie en estado de alerta… sólo para descubrir que se trataba del gato.
Así es que frente a cualquier percepción de amenaza (ya sea real o imaginaria), a nuestras necesidades de seguridad, satisfacción o conexión, nuestra amígdala se activa, y con ella…
… se dispara la adrenalina por todo tu cuerpo.
… tu corazón comienza a trabajar a una velocidad por encima de lo habitual.
… aumenta tu presión arterial, intensificando el metabolismo celular.
… se agudiza la percepción en todos tus sentidos.
Todas estas son reacciones extremadamente útiles para la supervivencia, te preparan para huir o pelear… sólo que en este momento no estás frente a un tigre dientes de sable, sino discutiendo con tu socio o tu pareja… ¡pero la amígdala difícilmente lo distingue!
No está diseñada para identificar detalles.  Su misión es estar atenta a cualquier percepción, por burda que parezca, que pueda representar una amenaza (repito, real o imaginaria).
Y cuando la capta… ¡ZAZ!… el sistema de alerta y protección se activa, y entramos en lo que llamo: el “mood” de sobrevivencia.
Por eso hay momentos en un conflicto en donde literalmente no “entramos en razón”…
Es cierto, es nuestro instinto el que está reaccionando
NO nuestra conciencia.
¿Cuales son las señales que puedes observar -en la otra persona, y en ti mismo- cuando comienza a dispararse la reacción neurobiológica de amenaza y alerta?
De esto te hablaré en nuestro siguiente boletín…
Hasta pronto,
Jorge Galindo