30 de Enero de 2013

La felicidad necesita «cultivarse conscientemente». 
Quizás esta afirmación resulte polémica para algunos. Después de todo, ¿acaso no son esos momentos inesperados, de sorpresas gratas, los que más felices nos hacen?
Es cierto, la vida nos regala momentos de felicidad «espontánea». Sin embargo, la felicidad no es solamente la acumulación de «buenas» experiencias.
Si tu perspectiva es que la felicidad se vuelva una compañera con la cual caminar tu vida, la fugacidad de los momentos felices no resulta suficiente. 
La felicidad necesita tu atención especial. No importa qué tanto y qué tan bien hayas trabajado tu infelicidad y tus problemas, necesitas también enfocarte a construir tu felicidad.
Si no escoges conscientemente la felicidad como uno de tus objetivos de vida, estás expuesto a terminar atrapado en la inercia de los eventos cotidianos o sobreviviendo en la lucha por la subsistencia.
En contra de lo que nuestro mejor juicio sugiere, nos impulsamos -e impulsamos a nuestros hijos- a destacar y competir para asegurar el mejor lugar posible en la jerarquía económica de nuestra sociedad.
Con esa perspectiva, las estrategias y conductas más estresantes y asentadas en el miedo son las que cobran fuerza, y no las que crean felicidad (está comprobado científicamente que una de las causas que más desgasta tus niveles de Oxitocina -la hormona del «placer»- es el estrés).
¿Cuándo fue la última vez que conscientemente te regalaste un momento de felicidad en tu vida? Algo tan simple como visitar un amigo, hacer tu actividad favorita, o compartir una tarde romántica.
Reconocer que TU felicidad depende en buena parte de una decisión consciente, implica reconocer también que hay actitudes y capacidades que puedes desarrollar y cultivar deliberadamente para promoverla.
Una de ellas -central- es aprender a relacionarte con el todo de la vida.