Algunas personas, dicen que la vida es difícil.

No lo es.

Algunas personas dicen que es fácil.

Tampoco lo es.

Otros dicen que es solitaria, difícil, o que es una fiesta.

¡¡¡Hummm!!!, nada de esto…

La vida es… tal como tu percepción la construye.

Tu experiencia de la vida es una versión filtrada de la realidad.
Lo que sea que llamas “mi realidad”, en verdad es una interpretación construida a través de los filtros de tu percepción.
Estos filtros, además, operan desde tu subconsciente.
¿Por qué insisto en esto? Porque es un punto fundamental para comprender cómo alimentas buena parte de tu sufrimiento.
Por ejemplo, imagina que un amigo te invita a una fiesta. Quizás tu primera reacción es pensar:
¡Que rico!… va a estar divertido… ¡que ganas tengo de ir!…
Sin embargo, conforme comienzan a pasar las horas, aparece una pequeña voz en tu interior que te dice:
-¿Estás seguro?, vas a encontrarte con mucha gente nueva…
– Recuerda, no eres tan bueno cuando se trata de iniciar una conversación…
-¿Y qué tal si nadie se te acerca, si nadie te habla?…
Y como la espiral tiende a retroalimentarse, al poco tiempo puedes ya estar pensando alarmado:
-¿Qué pasa si tus amigos comienzan a pensar que eres un tanto raro?…
– Quizás se van a dar cuenta que en realidad no eres un tipo tan interesante…
-¿Qué tal si ya no vuelven a invitarte nunca más?…
Si no encuentras manera de detener esta voz, simplemente continúa  retroalimentando las visiones catastróficas, lo que a su vez te genera aún más ansiedad y miedo.
¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo sucedió este proceso?
A través de un diálogo contigo mismo.
Si, ese que sucede a cada momento dentro de tu cabeza.
Algunas veces este diálogo interno sucede tan rápido que apenas alcanzas a notarlo. Sólo te das cuenta hasta que ya estás en medio de un ataque de ansiedad.
También puede ser que ese diálogo interno esté murmurándote constantemente, como un sonido en el fondo. Como el bullicio de la calle o el ruido de una música cuando estás tratando de leer. Aunque intentas no prestarles atención, se mantienen en el fondo de tu percepción, afectándote de alguna manera.
¿Cuántas veces a lo largo de un día te llamas a ti mismo: estúpido, baboso, idiota, ¡qué güey!…?
Te pregunto: ¿Cómo te sentirías si alguien más te hablará así con esa frecuencia?
Por eso, aunque externamente todo parezca estar bien, en tu interior estás viviendo una realidad en donde te sientes enojado, amenazado, con temor a ser herido o  fallar.
¿De dónde vienen los pensamientos que alimentan este diálogo interno?
Obviamente no es algo que eliges en forma consciente. Deben de venir de una dimensión más profunda de ti mismo.

Jorge Galindo
Director CÓRPORE

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