Una joven le contaba a su padre que tenía muchos problemas con sus compañeros en la escuela.
“A veces, todo va bien: jugamos y nos reímos todos los amigos”.
“Pero, de repente, pasa alguna cosa y me peleo con ellos”.
“Y eso no es lo peor” –continuó en tono de queja- “pareciera que tan pronto un problema se resuelve, cuando ya aparece otro”.
El señor, que era un famoso chef, la escuchaba en silencio.
Cuando la joven hizo una pausa, el chef le dijo: “ven, acompáñame”, y la llevó a la cocina.
Ahí llenó tres ollas con agua y las colocó al fuego.
Una vez que las tres ollas comenzaron a hervir, colocó papas en una olla, huevos en la segunda y granos de café molidos en la tercera. Luego los dejó hervir.
La hija suspiraba impaciente mientras esperaba, preguntándose qué estaba haciendo su padre.

Después de algunos minutos, el padre apagó la estufa.
Sacó las papas de la olla y las colocó en un recipiente.
Luego los huevos.
Y, finalmente, tomó el café y lo vació en una taza.
Dirigiéndose a la joven, le preguntó.
“Hija, ¿qué ves?”
“Papas, huevos y café”, respondió ella apresuradamente.
“Mira más de cerca”, dijo el padre, “toca las papas”.
La joven obedeció, tocó las papas, y notó que habían cambiado, ahora estaban suaves.
Luego el padre le pidió que tomara un huevo y lo rompiera.
Después de quitarle el cascarón, observó que el huevo también había cambiado: ahora estaba duro.
Finalmente, el chef le pidió que bebiera el café. Lo hizo… y ¡ah!… su rico aroma le trajo una sonrisa a la cara.
“Padre, ¿qué significa esto?”, le preguntó.
El padre le respondió con paciencia:
“las papas, los huevos y los granos de café vivieron una experiencia similar: el agua hirviendo”.
“Y cada uno reaccionó de manera diferente”, añadió.
“La papa era fuerte y dura, pero en el agua hirviendo, se volvió blanda y suave”.
“El huevo era frágil, con la capa exterior delgada protegiendo su interior líquido. Después de hervir el interior se endureció y se hizo resistente”.
“Finalmente, los granos de café molidos fueron únicos. No solo cambiaron ellos, también transformaron a su entorno: el agua misma, y crearon algo totalmente nuevo”.

Este cuento me encanta porque me recuerda que la principal función de un grupo de crecimiento, es permitir que la dinámica misma cambie a todos los que participan, para que se cree “algo nuevo”… un nuevo nivel de conciencia.
Cada miembro que acude es diferente: ¿papa?, ¿huevo? ¿café?
Cada uno llega encarnando su historia particular.
Cada uno aporta sus intereses, sus ideales, sus aspiraciones, sus preocupaciones, sus conflictos, sus heridas
Y es el grupo, en su dinámica, en su posibilidad de interacción, en este verse unos a otros, que crea la magia de la transformación
El grupo es el agua hirviendo a los ingredientes… transformándolos.
Cuando participas en un grupo con personas que buscan crecer como tú, te puedes sentir arraigado y conectado con lo que importa en tu vida.
Cuando personas con intereses y aspiraciones de convertirse en la mejor versión de si mismos participa en un grupo, se construye una comunidad que proporciona una nueva dimensión a tu experiencia.
¿Quieres participar en esa “agua hirviendo” que es la transformación grupal?

En Córpore ya existe esa comunidad que te anima a explorar la mejor versión de lo que puedes llegar a ser.
Te esperamos…

Jorge Galindo | Director de Córpore

¡Mejora tu vida!