23 de septiembre 2014

Un discípulo le preguntó al Maestro Zen Shunryu Suzuki:
¿Qué necesito para lograr la iluminación.
Sin dudarlo, éste le respondió:
“No necesitas desarrollar tu conciencia como si fuera algo nuevo en ti. Tú ya posees esa capacidad.
Todo lo que puedes disfrutar de la vida, -como ver una flor hermosa, experimentar situaciones placenteras, o escuchar una enseñanza-, es posible porque ya tienes esa capacidad”.
Por eso cuando me preguntan, ¿Qué necesito para iluminar mi sombra? respondo:
No requieres ninguna capacidad extraordinaria.
Puedes aprender a transformar tus conflictos, crisis y patrones problemáticos desarrollando cualidades YA PRESENTES en ti.
¿Cuáles son algunas de esas capacidades? Veamos:
Voluntad. En primer lugar, y aunque parezca obvio, necesitas querer hacerlo. Muchas veces estamos cómodos en las inercias de nuestro carácter, hasta que una crisis o un problema nos sacude.
Recuerda que el desarrollo de la conciencia se da a través de dos caminos: el sufrimiento o la intención consciente. No esperes a que la vida te dé el siguiente “palo” para decidir crecer. Se curioso, aprende de ti mismo…
Capacidad de auto observación. Esto significa ser capaz de percibir con claridad lo que está ocurriendo en tu experiencia. Implica poder observar tus sentimientos y reacciones en el momento en que ocurren.
Transparencia consciente. Es decir, tener la intención de mostrar lo que ocurre dentro de ti. Si estás sintiendo tristeza, enojo o alegría, permitir que estos estados emocionales se muestren en tu expresión y contacto con los otros.
Resistir la tentación de esconderte detrás de tu máscara. Evidentemente, aquí necesitas cuidar las circunstancias y limitaciones que impone la realidad.
La capacidad de “llamarte la atención”. Cuando estás en una situación y te das cuenta que estás reaccionando desde tu sombra (como cuando te defiendes agresivamente de una crítica), detenerte y admitirlo.
Primero, contigo mismo. Después, si te es posible, con el otro. Es normal si al principio sientes vergüenza. Pero admitir simplemente que te estabas defendiendo (sin responsabilizar al otro por tu reacción), o decir un sencillo “lo siento”, abre nuevamente las puertas a un contacto profundo.
Relacionarte con tu reactividad, y no desde tu reactividad. Todos tenemos reacciones emocionales. No importa qué tan desarrollado pienses que estás, en cualquier momento te puede ocurrir.
Lo que importa es que puedas “llamar tu atención” y detener tu participación en ese ciclo. Darte cuenta, detenerte y nombrarlo.
Al final de su reflexión, el maestro Zen Shunryu Suzuki señaló a su discípulo:
«Recuerda que tú eres perfecto tal como eres. Y …que todavía hay espacio para mejorar!”