7 de Mayo de 2014

Hace poco, una exalumna me llamó para pedirme recibir en terapia a su pequeña nieta.
Yo no trabajo con niños ni adolescentes, así que me di a la tarea de buscarle un par de buenas referencias.
“Muchas gracias Jorge, para mi es muy importante.”, me dijo al final de la charla.
“De nada”,  contesté de inmediato.
Acababa de colgar cuando me vino una reflexión:
“¿¡De nada!?”, ¿Realmente los minutos en los que le dediqué mi completa atención para ayudarla habían sido nada?
Meneando ligeramente la cabeza pude reconocer (nuevamente) la respuesta automática que me había privado de recibir plenamente su sincero agradecimiento.
¿Cuántas veces has recibido un agradecimiento parecido y has respondido en automático “de nada”?
¿Cuántas veces has dejado pasar un cumplido sincero en un gesto de falsa modestia?
Si como a mí, esto te sucede a menudo,  también necesitas aprender a nutrirte mejor de tus experiencias.
Es común que busquemos “nutrirnos” a través de los grandes acontecimientos de nuestra vida. Llámese encontrar LA pareja (o poder cambiar a la que ya tienes), lograr EL trabajo deseado, o vivir en EL lugar.
Nos la pasamos buscando y/o esperando LA experiencia que finalmente va a traer bienestar y contento a nuestras vidas.
No te voy a negar el impacto de estos satisfactores extraordinarios (que sólo ocurren de vez en cuando… como las vacaciones). Pero, ¿Por qué no aprender a “nutrirte” mas y mejor de esos pequeños momentos que conforman tu vida cotidiana? ¿Cómo sacarle “más jugo” a las oportunidades que siempre tiene la experiencia presente?
Te comparto la “receta” que estoy practicando…
 
1.- ¡Detén tu mente!   y  enfoca el momento.
El primer paso es reconocer cuando se presenta una experiencia positiva. Por pequeña que parezca, la experiencia positiva momentánea – el saludo amable con el que alguien te recibe, el agradecimiento por algo que hiciste, disfrutar un bello atardecer- es una ventana de oportunidad para nutrirte. También puedes crear esta oportunidad, como cuando te acuerdas de alguien que te estima, reconoces alguna cualidad tuya, o tienes un pensamiento amoroso por algún ser querido.
 
2.- Enriquece la experiencia.
Regálate  unos segundos para extenderla:
– En el Tiempo.- Permite conscientemente que la impresión, sensación y/o sentimiento, dure algunos segundos más.
– En su intensidad.- Toma conscientemente una actitud de apertura, respira tomando su cualidad, siente esta sensación agradable en todo tu cuerpo, incluso puedes realizar alguna acción: una reverencia, pon una mano en tu corazón, etc.
 
3. – Asimílala.
En este paso, que se traslapa con el anterior, intenta absorber profundamente tu experiencia, que conscientemente permee en tu interior. Visualiza como la sensación se profundiza en tu cuerpo, como suelo decir: “dale el golpe”.
 
4.- Reprograma.
Este ultimo paso es optativo. Una vez que la experiencia positiva está establecida y asimilada, si lo deseas puedes traer a tu memoria recuerdos o sentimientos que comúnmente te resultan limitantes o dolorosos, y permitir que esta experiencia positiva tenga un efecto reparador, que sane y vaya reprogramando.
Por ejemplo, si comúnmente sientes que no te toman en cuenta  y en este momento alguien te hace un gesto de valoración,  tómalo y permite que la experiencia presente vaya dejando una nueva huella: aquí y ahora sí hay alguien que te reconoce. Este puede ser un paso poderoso de sanación.
La vida te regala un cúmulo de pequeños momentos y experiencias positivas día con día, la mayoría de ellas las dejas pasar por descuido o apatía. Recuerda, en esos 20 -30 segundos tienes la oportunidad de darte un regalo, literalmente:
¡De nutrirte de la vida!
Después de todo, de qué otra cosa está hecha nuestra existencia, si no es de un precioso  collar de irrecuperables momentos.