29 de Abril de 2014

Las vacaciones son un tiempo que anhelamos con frecuencia.
A veces son el paréntesis que te permite tomar distancia y ganar claridad para continuar con un proyecto, en otras ocasiones son la pausa que te permite reciclarte y “recargar las pilas”.
Ahora que regresas de las muy mexicanas vacaciones de Semana Santa y Pascua, quizás es un buen momento para preguntarte: ¿Realmente gocé de mis vacaciones? ¿Fueron el espacio nutricio y reparador que necesitaba?
Porque para disfrutar de tus vacaciones -así como para disfrutar de la vida- necesitas algo más que sólo tiempo disponible. Necesitas saber nutrirte
No me refiero a ese otro componente de las vacaciones que es el olvido de las dietas y el darte gusto en tus apetitos; sino a una dimensión algo más sutil:
Saber nutrirte de las experiencias.
A través de su proceso de evolución, nuestro cerebro terminó construido en tres niveles, igual como los tiene un edificio.
En la planta baja, el nivel mas primitivo, está el llamando cerebro reptiliano, cuyas funciones son ayudarnos a estar a salvo y evitar el daño. Ahí están los centros neurales que controlan tus reflejos básicos de sobrevivencia (respuesta de lucha, huida o congelamiento).
En el primer piso se encuentra nuestro cerebro mamífero o límbico, queestá conectado con nuestra necesidad de tener satisfacciones. Ahí radican tus centros motivacionales y se considera que ahí se generan también tus emociones.
Y finalmente en el pent-house, el Neo-cortex o cerebro primate, está muy conectado con la necesidad de vínculo y relación. Aquí también radica tu capacidad de abstracción, simbolización y control de tus impulsos.
 
Saber nutrirte implica: tranquilizar a tu cocodrilo, alimentar a tu perro y abrazar a tu chango.
Es decir:
Tranquilizar a tu cocodrilo, es permitirte lograr y sentir experiencias que te dan seguridad, sentirte a salvo de daños, poder desactivar el modo de sobrevivencia.
Alimentar a tu perro, es permitirte experimentar satisfacción, gratificación en tu vida. Poder recibir un cumplido, empaparte de un atardecer, etc.
Abrazar a tu chango, es honrar tu necesidad -como parte de la especie más social del planeta- de amor y conexión con los demás.
Cuando nos permitimos experiencias positivas relacionadas con estas tres necesidades arraigadas en nuestro cerebro (seguridad, satisfacción y conexión), el cerebro funciona por default en su estado natural de equilibrio y coherencia, un estado en donde se recicla y se repara.
Y en donde experimentamos las sensaciones de: paz, contento y amor.
Es decir, La experiencia interna que nos encanta de las vacaciones… pero sería triste si sólo pudiéramos nutrirnos de esta manera cada Semana Santa.