10 de Septiembre de 2013

Muchos de nosotros vivimos con lo que yo llamo el “trauma del conflicto”.

Simplemente, al crecer no tuvimos aprendizajes sanos para manejarnos en situaciones de conflicto.
Aprendiste ya sea a negar el conflicto, con sus irremediables secuelas de silencios y hostilidades encubiertas o, a manifestarlo explosivamente con sus peores consecuencias destructivas.
Partiendo del hecho de que somos individuos diferentes (bien lo dice el dicho: “cada cabeza es un mundo”), el conflicto resulta un aspecto natural e ineludible de las relaciones humanas.
Si frecuentemente estás en conflicto contigo mismo, ¿cómo esperas que no surja conflicto con “otro TÚ”?
En tus relaciones significativas, la pregunta que necesitas hacerte no es si va a haber o no conflicto, sino cómo lo vas a manejar cuando llegue.
¿Cómo mantenerte en el vínculo mientras procesan las diferencias?
¿Cómo aprovechar el conflicto para aprender de ti y del otro?
¿Cómo lograr un nuevo nivel de intimidad a partir de él?
El conflicto es una parte y un fruto de la interacción madura. Las personas necesitan ejercer su influencia en el otro, expresando sus diferencias en ideas, valores, intenciones o reacciones emocionales.
Aprender a manejarte y navegar productivamente el conflicto es uno de los grandes regalos que una comunidad te puede dar.
 
Si de pequeños fuimos heridos en el contexto de una relación, es dentro de una relación que puede ocurrir la más profunda sanación.