Para atraparte, los “profesionales del miedo” tienen un aliado muy poderoso: tus propios hábitos.

Por ejemplo, si estás acostumbrado a despertar e inmediatamente levantarte y echarte un clavado directo en el mundo externo (tus pendientes de casa o de trabajo, noticias, redes sociales, email, etc.), no le estás dando oportunidad al “pequeño cerebro” de tu corazón de sintonizarse.

Recuerda, mucha de esa información con la que comienzas el día viene contaminada con el virus del miedo (y alguna está profesionalmente diseñada para contagiarte).

Así es que antes de “salir” al mundo, necesitas darte un momento para arraigarte en ti mismo, generar coherencia y sintonizar tus dos cerebros.

Para ayudarte a empezar el día bien alineado en tu mente-corazón, te propongo una práctica sencilla.

1.- El primer paso, consiste en enfocar tu atención en la zona de tu corazón. (Ojo: muchas veces cuando nos piden “sentir” el corazón, en realidad lo que hacemos es ponernos a pensar en él… trata de sentirlo).

2.- A continuación… Toca gentilmente el centro de tu pecho, a la altura de tu corazón, de un modo que te ayude a sentir esta parte de tu cuerpo de una manera más clara. Puede ser con un dedo, con la palma de tu mano, con ambas… utiliza la forma que te resulte más conveniente. Es importante realizar este toque porque tu conciencia suele enfocarse en aquellos lugares de tu cuerpo en donde siente un contacto. Cuando esto sucede, la energía de tu conciencia comienza a fluir de tu cabeza al cerebro más pequeño de tu corazón.

3.- Ahora haz que tu respiración tome un ritmo más lento, más profundo. Respirar así envía dos señales importantes a tu cuerpo:

Estoy enfocando mi conciencia en mi experiencia, en mi interior.
Estoy en un lugar seguro, puedo soltar el estrés y la tensión.

Si te mantienes en esta intención a lo largo de la práctica, tu cuerpo comenzará a realizar un cambio

4.- Finalmente, visualiza “tu lugar preferido”. Simplemente imagínate o recuerda un lugar en donde te puedas sentir en un espacio seguro, bello, nutricio emocionalmente, incluso lleno de majestuosidad.

Puede ser tu playa favorita…
Un bosque o la montaña…
La casa de tus abuelos…

Si puedes apóyate con música, sonidos, olores…
Lo importante es que te sientas en un espacio que te invita a relajarte, a
sentir aprecio por la vida, gratitud por lo que has recibido, compasión por
ti mismo y los demás.

La relajación es el prerrequisito para que la conexión pueda darse.

Está comprobado que los sentimientos de aprecio, gratitud y compasión, activan el vínculo entre tu cerebro de la cabeza y tu pequeño cerebro en el corazón.

Puedes terminar esta práctica -10 / 15 min- haciendo un par de respiraciones profundas (con la práctica, podrás incluso hacerlo más breve).

Así, puedes darte un momento de integración y coherencia contigo mismo en cualquier momento del día (en particular te recomiendo hacerlo poco después de despertar).

¡Pruébalo! De este espacio de conciencia surge tu creatividad, tu intuición, y tu capacidad de navegar las aguas muchas veces turbulentas e intimidantes de la cotidianidad.

Hasta pronto.

Jorge Galindo
Director CÓRPORE
www.corporal.com.mx

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