Hola,
¿Conoces a alguien que deja las cubiertas de plástico en sus muebles?
Sí, yo también.
sillom
La intención es “cuidarlos”.
La ironía es que muchas de estas personas viven su vida sin tener nunca contacto directo con el mueble.
Es decir, ¡nunca se dan el gusto de estrenar!
Este es un ejemplo gracioso de la tendencia que tenemos a “guardar” las cosas para las ocasiones especiales.
¡Como si la vida cotidiana no fuera lo suficientemente especial para justificar el uso de las cosas que nos gustan!
Quizá tú también has dejado de usar aquella prenda “exclusiva” con el fin de mantenerla bonita… sólo para descubrir, tiempo después, que ya está pasada de moda.
Te propongo un experimento:
Piensa por un momento cómo sería para ti usar tus mejores ropas y comer en tu mejor vajilla TODOS LOS DÍAS.
¿Lo verías como un acto absurdo y descuidado?
¿Cómo un derroche sin sentido?
¿O, tal vez, podría ser una señal de que HOY estás vivo… y sólo por eso ya es especial?
Cuando usas tus mejores ropas y pones tu mesa de gala, es como si te trataras a ti mismo como un invitado especial.
En esas ocasiones somos más conscientes de dónde ponemos las cosas, lo que comemos, y quién está con nosotros.
Proponerte usar tu mejor vajilla, comer más seguido en tu comedor o quitarle el plástico al sofá, en el fondo es una invitación a que seas más consciente de la belleza y la gracia ya presentes en tu vida cotidiana.
Haz la prueba: Si hay una cosa que has guardado para esa “ocasión especial”, sólo una, -la botella de buen vino, tu magnífico par de zapatos, un mantel de encaje antiguo-, te invito a que los saques de su escondite y lo utilices esta noche.
¿La razón?…
¡Que estás vivo AHORA para disfrutar de ello!
¡No se me ocurre un mejor motivo de celebración!
 
Hasta pronto.
 
Jorge Galindo
Director CÓRPORE
www.corporal.com.mx
 
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