13 de Mayo 2014

Atraído por la promesa de mejoras tecnológicas (y las facilidades de los meses sin intereses) por fin me animé a adquirí una computadora portátil.
En estos meses me he dado a la paciente tarea de aprender su manejo. Si tú, como yo, naciste en la era de los discos de acetato y la TV en blanco y negro, podrás comprender porque a veces encuentro mucho parecido entre los nuevos lenguajes digitales y el antiguo chino mandarín.
En cambio, cada vez que nos visitan mis nietos (3 y 7 años) observo con asombro -y cierto dejo de envidia- la facilidad con que bajan juegos de Internet, navegan por redes y páginas… y descifran lo que para mi son “misterios” cibernéticos.
No es un secreto que  los niños tienen una mayor capacidad de asimilación y  aprendizaje que los adultos -son “esponjitas”, digo yo-.
Esto es posible porque en la infancia el cerebro humano tiene una mayor “neuro plasticidad”.
Neuro..¿Qué?
Neuroplasticidad, que es la capacidad que tiene nuestro cerebro de regenerarse y crear conexiones neuronales para sostener los procesos de aprendizaje y pensamiento.
Al contrario de lo que seguramente aprendiste en la preparatoria, – y de lo que parece dictar mi experiencia cibernética- en los últimos 20 años la neurociencia ha confirmado que la “Neuroplasticidad” no ocurre solamente en la infancia, sino que es un proceso presente a lo largo de prácticamente toda la vida.
Cuando practicas  un deporte,  con el ejercicio y la repetición el músculo gana volumen y estructura. Bueno, pues con el cerebro pasa igual, los patrones de pensamiento que se repiten (digamos, se ejercitan) retroalimentan cierta actividad neuronal. Poco a poco esta actividad desarrolla conexiones y termina creando  estructuras neuronales.
Como dice el dicho: “órgano que no se usa se atrofia, órgano que se usa se desarrolla”.
Bueno, ¿Y cuál es la conclusión de todo esto?. Pues que así como los ejercicios físicos preservan tu salud cardiovascular, la actividad neuronal que repites,  es decir, los estados mentales que activas frecuentemente, terminan instalándose en tu cerebro en forma de conexiones y estructuras  cerebrales… para bien o para mal.
Por eso se vuelve muy importante cuidar  cómo te nutres de las experiencias, un tema que abordamos en nuestro boletín anterior.
¿Cómo tomar más lo que te nutre de la vida?, ¿Como digerirlo mejor?
¿Cómo limitar las programaciones que te resultan toxicas y limitantes?
Seguiremos platicando de este “sesudo” tema en nuestro siguiente boletín…