17 de Junio de 2014

Un día le preguntaron al Dalai Lama:
 ¿Que se necesita para que los seres humanos seamos felices?
Sin un instante de duda, el líder espiritual replicó:
 “No necesitamos más dinero,
no necesitamos un mayor éxito o la fama,
no necesitamos el cuerpo perfecto o incluso el compañero perfecto,
ahora mismo, en este mismo momento, tenemos una mente, que es todo el equipo básico que necesitamos para alcanzar la felicidad completa.
Yo creo que la felicidad se puede lograr a través de la transformación de la mente…”
Por eso, en silencio me alegro cada vez que observo la experiencia transformadora que viven las personas que participan en un Taller Intensivo de Crecimiento. Especialmente al ver cómo se liberan de las garras de círculos viciosos y programaciones emocionales dolorosas o destructivas.
Y este proceso siempre implica poder hacer una pausa.
Ya sea que ésta se dé por una crisis (interna o externa) que finalmente revienta y detiene la espiral destructiva…
O gracias a un momento de conciencia afortunado (como sucede en los talleres).
Lo importante es que, por un instante, el ciclo de reactividad se suspende y logras darte cuenta.
Esta pausa no sólo alivia la reactividad que te causa sufrimiento, también es una oportunidad para reorientar el ciclo emocional de una manera diferente.
Toma la oportunidad -haz la pausa- y aborda tu activación “negativa”. Estos pasos van a ayudarte:

1. Lo primero que necesitas hacer es observar y permitir tu experiencia interna, tu reacción. Sin juzgarla, sin rechazarla; solo observándola.

Es importante que intentes no pelearte contigo, no entrar en conflicto con lo que estás sintiendo (es decir, no pelear con tu dolor, miedo u enojo, las emociones primarias que más trabajo nos cuestan).

2. Enfoca tu atención en la sensación física de tu emoción, corta de raíz la espiral pensamiento/sentimiento que sólo se retroalimenta a sí misma.

Si logras mantenerte enfocado por unos momentos (y la reacción no es fuerte) verás que la emoción, sea cual sea, siempre pasa.

3. Si el impacto emocional fue fuerte, tan pronto puedas libera la energía, la carga emocional involucrada. 

Aquí el enfoque corporal te da muchos recursos: desde sólo llorar para aliviar tu tristeza, hasta golpear una almohada o un colchón para desahogar tu ira (única condición: cuida no hacerte daño ni hacer daño a terceros).

4. Una vez atravesado lo más intenso del temporal, pregúntate: ¿Qué estoy necesitando?, ¿algo me asusta?, ¿qué creencias tengo en esta situación?.

Si quieres avanzar y reprogramar tus reacciones necesitas indagar, llevar conciencia a las dinámicas que están detrás de ellas (aquí también se pondrá a prueba tu capacidad de observar y permitir).

5. En la próxima oportunidad que te regale la vida, recuerda nutrirte con alguna experiencia positiva, en particular si está relacionada con el tema que estás observando.

No sólo es necesario deshierbar tu jardín, también es importante sembrarle flores.

Algunas de nuestras programaciones “negativas” tienen raíces muy profundas en nuestra historia.
Llevar la luz de tu conciencia, procesar la emoción y reprogramar positivamente, va disolviendo poco a poco tu identificación con ellas y quitando fuerza a los ciclos de reactividad y sufrimiento.