Hola,
Hace doscientos años, comer langosta era igual o peor que comer una rata.
Comer langosta era considerado un castigo tan «cruel e inusual» que varios estados de la Unión Americana hicieron leyes para no incluirla como parte del menú… ¡¡¡en las prisiones!!!
Hoy en día la langosta es un plato gourmet. Uno de los artículos más caros de cualquier restaurante.
¿Que fue lo que sucedió?
¿Cambió dramáticamente la calidad de la langosta en estos 200 años?
No… cambiaron nuestras creencias.
Tus creencias son la base sobre la cual trabajan los “filtros” con los cuales interpretas la realidad.
Comúnmente percibes tus creencias como si sólo fueran ideas fijas, convicciones, que se encuentran en algún lugar de tu mente. Sin embargo, en Córpore consideramos que las creencias son algo más que eso.
Las consideramos como conciencia y energía condensada, densa, que se quedó “congelada” en tu sistema.
Y esto afecta, cuando menos, a tres dimensiones fundamentales de tu persona.
Obviamente, están presentes en tu mente. En particular, en tu mente subconsciente. Ahí donde se sostienen los filtros de tu percepción.
Pero también están presentes en tus emociones. En tus patrones de funcionamiento emocional a los cuales regresas una y otra vez. Eso que llamas “mi estado de ánimo”.
Y, por supuesto, en Córpore afirmamos que también se manifiestan entu cuerpo. En tus tensiones musculares crónicas, en las alteraciones que padeces en tu organismo (digestión, sueño, etc.) y en tus padecimientos psicosomáticos (dolores de cabeza, gastritis, etc.).
Por eso pueden tener tanto poder, porque penetran toda tu persona y dominan tu comportamiento (te comentaba en un boletín anterior que a diario hay personas que se matan por creencias religiosas, ideológicas, etc.).
Tomemos por ejemplo a Juan*. Llegó un día a terapia buscando aliviar su ansiedad y miedo.
Juan creció con un padre muy estricto, de carácter dominante y volátil. De pequeño nunca sabía cuando podía meterse en problemas con él. Y cuando esto sucedía, ni siquiera alcanzaba a entender por qué.
Así es que para protegerse a sí mismo, Juan desarrolló una gran sensibilidad para percibir qué podía hacer enojar a papá, y se mantenía constantemente checando sus propias acciones.
Desarrolló la creencia de que estar atento al otro, era la mejor manera de estar seguro.
Como adulto, esta actitud híper vigilante, programada en su subconsciente, en sus emociones y su cuerpo, por supuesto que continuó.
Y en su diálogo interno constantemente repasaba, una y otra vez, lo que había hecho, lo que había dicho, preocupado por lo que los demás pensaban o decían de él.
Se mantenía siempre atento a detectar peligros potenciales…
… ¿Hice algo mal?
… ¿Estarán molestos conmigo?
Todo esto no era más que una repetición de la creencia que aprendió en su infancia para protegerse y evitar ser lastimado. El problema es que esta estrategia seguía intentando protegerlo de una realidad que hoy día ya no era relevante o verdadera.
Igual que Juan, tus creencias son conclusiones que hiciste de ti mismo y de la vida con la intención de sobrevivir.
Quizás ya es hora de actualizarlas.

Jorge Galindo
Director CÓRPORE
www.corporal.com.mx